«¿Quieres ser uno conmigo?» (o del psicoanálisis tras Evangelion)

Cuando era tan sólo una adolescente me enamoré irremediablemente de una serie de anime que «cayó en mis manos» por casualidad. Dicha serie se llama Neon Genesis Evangelion, y es uno de los animes que más influencia han tenido (y siguen teniendo) a día de hoy. 

Podría describir el argumento de esta serie como una historia ambientada en un Tokyo futurista, en la que los hombres tratan de sobrevivir a los ataques de unos seres llamados ángeles, creando a unos robots gigantes: los EVA’s. Podría, pero si sólo fuera eso, no estaríais leyendo estas líneas. 

Evangelion es una historia épica, de grandes batallas y personajes admirables que luchan contrarreloj para proteger a la humanidad. Pero también es un drama oscuro y denso, lleno de dolor y conflictos psicológicos, en el que cada personaje tiene su pequeña caja negra llena de oscuros secretos y fantasmas, convirtiéndolos en personajes enfermizos. Conforme la historia avanza, las violentas batallas entre evangelions y ángeles van siendo reemplazadas por episodios de una enorme carga psicológica, en los que cada personaje nos muestra su maltrecha psique, ofreciéndonos un complejo análisis sobre su comportamiento y su personalidad.

Cada uno de los personajes protagonistas generan una sensación agridulce al espectador: por una parte, permiten la identificación  y generan simpatía a priori, pero conforme los vamos conociendo, se hace evidente cuán rotos están, lo que genera cierto rechazo y sensación de malestar al habernos sentido tan cercanos a ellos. La neurosis y la patología se agravan a medida que avanza la serie, y el vernos identificados con ciertos mecanismos puede ser una sensación desagradable. Hay 3 protagonistas principales (los niños – pilotos de los EVA’s), de los cuales se ha especulado mucho y se han hecho numerosas interpretaciones. Shinji, el piloto del EVA 01,  es un chico retraído y tímido, que piensa que no sirve para nada, casi carente de personalidad y de inicitiava. Mantiene una relación tensa y difícil con su padre, el comandante de la organización que crea los EVA’s, y se queda huérfano de madre cuando era tan sólo un niño. Shinji crece sin el afecto de una madre y con la ausencia de un padre que parece que lo rechace. Su comportamiento, su personalidad y sus decisiones están influidas por esa herida narcisista que Shinji lleva desde niño. Por otra parte, tenemos a la piloto del EVA 02, Asuka, totalmente opuesta a Shinji. Asuka es fuerte, decidida, testaruda y altiva. Se jacta de ser la mejor en todo, sobre todo como piloto, pero se trata de una fachada: Asuka esconde un enorme trauma que vivió de niña. Su madre (que también era piloto) acaba trastornada tras un experimento fallido (del mismo modo que le ocurrió a la madre de Shinji), y cree que su hija es una muñeca, dejando de mirar a Asuka. Tiempo despues, la madre se suicida, degollando antes a la muñeca, y es Asuka la que encuentra el cuerpo. Toda la personalidad de Asuka está construida para intentar bloquear dicho recuerdo y el dolor que produce, como si de una presa se tratara. Por último, tenemos a Rei, la piloto del EVA 00. Rei es una incógnita para sus compañeros, distante y fría, no deja ver sus emociones ni parece entender muy bien las de los demás. Con un origen desconocido, tiene una pulsión de muerte que manifiesta hacia el final de la serie, y su papel es clave en el final propuesto por la película «The End of Evangelion».

Se ha hablado mucho sobre la posible representación de la segunda tópica freudiana en cada uno de los protagonistas. De este modo, Shinji representaría al Yo, Asuka al Ello y Rei al Superyó. De igual manera pueden encontrarse concordancias entre cada uno de los pilotos y las estructuras neuróticas: Shinji parece claramente representar a la estructura fóbica, con sus complejos, su miedo y su inseguridad. Asuka, por otra parte, encaja con la estructura histérica, con ese alarde de fuerza y pasión, intentando tapar una herida mucho más profunda. Por último, tendríamos a Rei como la neurosis obsesiva, fría, distante y sintiéndose diferente de sus compañeros. Cada uno de los personajes principales (entre los que también se incluyen Misato, Ritsuko, Kaji, Gendo, etcétera) esconden una herida abierta que sufrieron en su infancia, relacionada con sus figuras parentales, que ha mediatizado sus vidas y generado los mecanismos de defensa que presentan en su edad adulta. Todos los personajes importantes de Evangelion muestran un vacío, un vacío doloroso e imposible de restaurar, que les llevará al apocalíptico final de la serie.

Pero, ¿qué necesidad había de mezclar robots gigantes con traumas infantiles, complejos edípicos, y demás joyas psicológicas?, dirán algunos. Ninguna, dirán muchos. Pero algún objetivo tendría el creador de la serie al plasmarla de este modo. No se puede entender Evangelion sin intentar entender la psique de Hideaki Anno, su creador. Y puede que la psique de Hideaki también estuviera un poco maltrecha… En el momento en el que estaba desarrollando la serie, Anno pasaba una fuerte depresión clínica que se mantuvo durante años. La infuencia que pudo tener el estado anímico de Anno se deja ver, por ejemplo, en cómo la serie va cambiando y haciéndose más oscura hacia el final, y perdiendo cierta lógica narrativa (los últimos dos episodios son una sucesión de imágenes inconexas acompañadas de monólogos filosóficos de los protagonistas). Son muchas las interpretaciones que se han dado a la serie, pero desde mi punto de vista, es evidente la proyección que se entrevé de sus propios complejos, miedos, y fantasmas que le acosaban durante su depresión.

Por si eso fuera poco, además de un director afectado por depresión, tenemos una enorme carga psicoanalítica que va desde la banda sonora hasta el épico final de la serie, ofrecido a los fans en la película «The End of Evangelion». Anno siempre se ha preocupado mucho por dar una enorme carga psicológica a cada uno de sus personajes, incorporando mucha teoría psicoanalítica en sus tramas. Y con teoría psicoanalítica no me refiero simplemente a los conceptos «fáciles» de Freud y su complejo de Edipo. Anno se atreve a jugar con grandes y complejos conceptos lacanianos, como la falta, el Otro, etcétera. En la banda sonora podemos encontrar títulos de canciones como Thanatos, La tristeza por perder el objeto, El dilema del erizo, Principio del placer, Escisión del pecho, o mi favorita: La madre es el primer Otro. Y dichos títulos no están puestos al azar, ni mucho menos. Suenan en los momentos justos durante la serie o la película, retratando de forma visual conceptos que no resultan nada sencillos de explicar. El dilema del erizo (que también es el nombre de uno de los episodios) suena mientras vemos a Shinji solo y cabizbajo, mientras otro de los personajes explica que para él es tremendamente difícil acercarse a cualquier otro por el temor a hacerle o que le hagan daño. La madre es el primer Otro suena en varias ocasiones durante la serie, y en algunos momentos clave de la película: cuando Shinji siente a su madre en el interior del EVA, cuando vemos una imagen suya mamando de recién nacido, cuando Rei se fusiona con Lilith, etcétera. Las referencias a que la madre es la primera Otra, la que nos regala nuestra existencia, y el fantasma de fusión y de vuelta a ese estado de Yo Ideal con la madre son continuas, y culminan con la película «The End of Evangelion».

La película «The End of Evangelion» se realiza como respuesta a las numerosas quejas de los fans tras el desenlace de la serie. Los dos últimos capítulos no satisficieron a la mayoría, y Anno recibió varias cartas de queja e incluso amenazas de muerte. Hay quien sigue descontento con el final a pesar de la película, pero desde mi punto de vista, creo que no hay un final más coherente para esta serie. En la película que cierra este enorme anime, los deseos de Shinji de terminar con el sufrimiento que le producen los demás se ven satisfechos por medio del plan de complementación humana. El plan de complementación humana no es otra cosa que volver a la forma original: las entidades individuales desaparecen, ya no hay campos AT (lo que podría interpretarse como los mecanismos de defensa que generamos como protección para vivir), ya no hay cuerpos ni barreras entre los hombres, tan sólo un enorme mar de líquido naranja, donde todas las almas se unen en una sola (¿quieres ser uno conmigo?, le preguntan a Shinji). No hay forma, no hay límites, no hay Yo. Es un estado fusional que recuerda al momento de Yo ideal con el que empezamos en este mundo. Es un retorno al comienzo, al útero materno, a la omnipotencia, al no existir. El vacío desaparece, dejamos de ser faltantes porque nuestro agujero queda obturado de nuevo, como al principio. Y este apocalíptico final no es provocado por los ángeles, como se temía al inicio de la serie, sino que son los mismos hombres los que lo provocan. El miedo de los hombres a sufrir por las relaciones con los otros les lleva a provocar el apocalipsis y terminar con esta «sopa» de almas en la que se convierte el planeta. Y está en manos de Shinji el revertir el proceso y darle una última oportunidad a la humanidad. Al final, Shinji comprende que prefiere el dolor y ver de nuevo a sus amigos, antes que formar parte de esta no-existencia sin forma. Comprende que el dolor seguirá, pero está dispuesto a pagar el precio con tal de no perder a los demás. La humanidad se salva únicamente porque Shinji decide que será fuerte. 

Como he dicho, no se me ocurre otro final más coherente para esta serie. No es sorprendente entender qué motivó a Hideaki Anno a desarrollar un final como éste, en un momento en el que estaba pasando por una terrible depresión que le había quitado la ilusión por vivir. En varias ocasiones, el creador de Evangelion ha reconocido que el personaje de Shinji era una representación de sí mismo, por lo que no se hace difícil comprender el destino que Anno tenía pensado para la humanidad. En un mundo donde todas las almas están fusionadas, en el que hemos dejado de ser faltantes, en el que no hay vacíos que nos separen del otro, el dilema del erizo deja de ser un problema. Ya no hay temor a que te hagan daño cuando no sabes bien dónde terminas tú y dónde comienza el otro. No hay dolor, no hay sufrimiento, no hay miedo. Pero tampoco hay disfrute, no hay ilusión, no hay conciencia de vivir. Neon Genesis Evangelion es una enorme sublimación de su creador, Hideaki Anno, que llega a su punto álgido con el final propuesto en la película, y de la que, al menos aparentemente, sale bien parado. Ha sido un placer y un disfrute enorme volver a visionar toda la serie y la película con los conocimientos psicoanalíticos que tengo ahora, y encontrar coherencia en este complejo entramado de emociones y conflictos que es Evangelion. Espero haber picado la curiosidad de aquellos que desconocen el anime, y espero haber generado interés en aquellos que también admiran lo que para mí es el mejor anime que existe. Y recordad, como Rei le dice a Shinji «tú no podrás verte si no hay nadie más». Hasta la próxima, faltantes. 

Un enorme gracias a María Pérez Riera por ilustrar algunos de los dibujos de este post.

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