DAS UNHEIMLICH (LO SINIESTRO) PARTE I

Parecería que la risueña muñeca de porcelana vigila tu sueño. Te despiertas sintiendo “eso”. Que te vigilan, por no decir que te acechan. Pero sabes que no hay nadie en la habitación, a excepción de tú mismo, claro. Ah, y la muñeca. Jurarías que antes no estaba tan cerca de la cama. Cierras los ojos con fuerza sabiendo que no servirá de nada, pues el horizonte onírico de Morfeo quedó ya lejos, desterrado por la oscuridad y el silencio de tu consciencia. Pero… un momento. Algo sí se oye, como… un diminuto restregar de telas…aunque las sábanas no pueden ser, pues se han transformado en piedra ya que no osas ni respirar. Ahí está de nuevo: fru-frú, fru-frú,fru-frú… y ahora también disciernes un suave y rítmico golpeteo, tímido, terrible.

No empieces de nuevo, no puede ser. Si al menos fuera todo a causa de la locura… o la imaginación, maldita bruja caprichosa que se deleita retorciendo la cordura. Ah, ojalá fuera la locura. Pero por desgracia no estás loco; no tendrás la suerte de resguardarte en ese páramo animoso e insolente de la sinrazón.

Cierras los ojos para no ver; te tapas los oídos para no oír. Formas un ovillo fetal en la cama intentando convocar el claustro materno, absolutamente inmóvil menos por los temblores.             

Unos segundos más tarde tu piel te traiciona. Y la nuca percibe, inevitablemente, el tacto suave y frío de la porcelana.

HOFFMAN RED

Con este micro relato elaborado para la ocasión me propongo introducir el siguiente tema: “das unheimlich”. O “lo siniestro”. Freud escribió este breve pero intenso trabajo en 1919. Se propuso hurgar en las esencias de tan peculiar elemento afectivo, lo siniestro, sirviéndose del relato “El hombre de la arena” de E.T.A. (Ernst Theodor Amadeus) Hoffmann. La obra de este autor europeo destaca por ser magistralmente siniestra. Freud eligió uno de estos oscuros vástagos literarios en su estudio para diseccionarlo y señalar a los lectores las sublimes puntadas del ovillo de lo siniestro. Este relato forma parte de la colección de cuentos titulada Nachtstücke (Nocturnos), publicada en 1817.

Freud vertebra el trabajo en base a muchos ejemplos cercanos o no a la cotidianidad, donde el lector se reconocerá e identificará, sin duda.

Lo siniestro siempre me atrajo la atención. No supe muy bien porqué hasta que cayó en mis manos este librito, pues me procuró gratas explicaciones al respecto. “Encaja”, pensé.

Tal y como introduce Freud, algo siniestro pertenece al campo de la estética (entendiéndola, ésta, como ciencia de las cualidades de nuestra sensibilidad). Así, cobra sentido la sensación de que algo siniestro es, a mi parecer, digno de ser observado, si no admirado. Que inevitablemente atrae la vista hacia sí a causa de un atributo aterradormente bello o viceversa.

Ved como lo siniestro difiere de forma abismal de aquello aterrador. En absoluto puede compararse a la descarga de adrenalina que buscamos cuando vemos una –buena, por favor- película de terror. Y, sí. La descarga de adrenalina es deseable pero nada tiene que ver con lo sofisticado y elegante de aquello siniestro. Será interesante divagar sobre las diferencias de estos parientes afectivos.

Tres damas de la magistral colección de Jessica Harrison

A diferencia de das unheimlich (lo siniestro), aquello aterrador, espeluznante (1) o abrumador, desgarra nuestra resistencia en un segundo haciéndola trizas y se la lleva como en un vendaval, de forma violenta, tajante, absoluta. Lo siniestro, al contrario, se nos aparece casi amablemente, introduciéndose en nosotros a ritmo pausado, suave y determinante. Poco a poco entra, toca su canción y se queda mucho tiempo. Lo siniestro se nos acerca disfrazado, nos confunde. Nos engaña alegremente.

budellets redoneta

Es en el vocablo alemán “unheimlich” donde encontramos la clave del misterio de lo siniestro. Freud hace un extenso repaso etimológico de la palabra en base a diferentes leguas y diccionarios, pero es la voz alemana la que arroja más luz sobre la esencia de aquello que es siniestro y el porqué. Veamos: “heimlich” significa familiar, hogareño, conocido. Muy parecido también a “heimisch” que significa íntimo, secreto, doméstico. Unheimlich se traducía por oculto, secreto, oscuro, siniestro. Por lo tanto pensaríamos que un-heimlich, indicaría algo totalmente contrario a lo familiar, lo conocido. Pero justamente donde se encuentran estas dos acepciones, a priori antagónicas, identificamos la esencia: das unheimlich sería algo que en su momento nos fue familiar, conocido, agradable… Y que acabó, de alguna manera, transformándose en algo siniestro por cierta cualidad oscura que recogió por el camino. “Sería todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado”. Se me antoja como algo familiar que habitó nuestras aguas inconscientes, para resurgir a la superficie más adelante con una piel ajena.

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Se comenta en el texto otro autor estudioso de lo unheimlich: E. Jentsch, y que destacó como caso por excelencia de lo siniestro “la duda de que un ser aparentemente animado sea, en efecto, viviente; y a la inversa: de que un objeto sin vida este en alguna forma animado”. Pensemos aquí en las figuras de cera, autómatas o muñecas sabias. El clásico de la muñeca. Su función, su tono, en origen es todo lo contrario a algo amenazante o siniestro. Pero colocadla en la penumbra cerca de vuestra cama. Más de uno nos habremos encontrado vigilando su puesto, revisando su mirada. Don Mancini elogió y se cargó simultáneamente el romanticismo y sutileza de este clásico de lo siniestro con su muñeco diabólico Chucky.

Por lo tanto, siempre que decimos que algo es siniestro, a ese algo se le puede identificar lo no siniestro. Por eso no será nunca enteramente desagradable o repulsivo. Justamente será siniestro por entrañar eso que nos atrae o que nos atrajo, ese algo familiar, conocido, ahora investido por un halo ciertamente retorcido e inquietante, causando un vigoroso sentimiento de desconcierto. “Lo siniestro sería aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás”.

Como dije al comienzo, Freud  analiza al detalle “El hombre de la arena”. En este relato aparece un individuo que arroja arena a los ojos de los niños que no duermen para arrancárselos. Con ellos alimenta a sus retoños que aguardan, hambrientos, en su nido lunar. A partir de este fantástico relato se analizan con lupa psicoanalítica una serie de angustias infantiles  bastante comunes, colocándolas como base de uno de los pilares de la esencia de lo siniestro.

Aquí tenéis un corto de animación de Paul Berry que adaptó el susodicho relato en 1991. Yo lo vi con siete u ocho años y me resultó así como simpático (no).

El temor a quedarse ciego, herirse los ojos o perder la vista es un motivo de terrible angustia infantil. Este temor persiste en los adultos, que preferiríamos sufrir cualquier otra mutilación excepto la de la vista (al menos la mayoría). Hemos de relacionarlo –pido tranquilidad a los nuevos lectores del psicoanálisis- con el famoso complejo de castración. La vista, como capacidad sensorial, esta en estrecha relación con la potencia fálica (entendemos aquí “fálico” como cierto objeto poderoso, codiciado y por supuesto, angustiantemente susceptible de ser sustraído). El estudio de los sueños, las fantasías y los mitos nos enseña, además, que el temor por la pérdida de los ojos o el miedo a quedar ciego es un sustituto frecuente de la angustia de castración. Y parece que el orden de los factores no altera el producto, pues más de una vez nos hemos oído que un exceso de onanismo nos producirá ceguera irreversible… (me he inventado un chiste, creo). Cabe recordar que Edipo se arrancó los ojos en castigo (castración) por haber incurrido en incesto con su madre. Hay en la mitología y en la cultura popular mil y un ejemplos que corren en este sentido.

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Así, tenemos que determinadas figuras o temas prototípicos de lo siniestro estarían profundamente ligados a antiguas angustias o complejos infantiles.

Vamos a ver algún ejemplo más terrenal. Volvamos a la clásica historia de la muñeca viviente. Siempre funciona, no importa el tiempo que pase, pues su magia consiste en convocarnos vestigios de nuestra prehistoria ontogénica cargada de ecos infantiles, donde todo podía ser, sin ser.

La infancia es un periodo donde no está clara la barrera entre realidad y fantasía, sobre todo en lo que al juego se refiere, por lo que a las propias muñecas u ositos se les inviste de una vida latente que en principio nada tiene de siniestro, todo lo contrario. Los alimentamos, los acunamos, los llevamos a todas partes… les sospechamos una vida escondida que, caprichosa, se manifiesta cuando no estamos presentes. Si tenéis la oportunidad de preguntar a un niño sobre esto os lo corroborará de un modo u otro. Yo misma me aseguraba que mis muñecas tuvieran los bracitos bajados (ninguno podía quedar horizontal) a modo de seguro que les impidiera moverse libremente por las noches. Y se me aparece, entonces, una pregunta: ¿porqué me atemorizada pensar en mis muñecas correteando por ahí de noche, si las quería como a mi propia -imaginada- prole? ¿Acaso no hubiera sido maravilloso verlas cobrar vida? ¿Acaso les suponía siniestras intenciones?

Lo siniestro podría indicar en algunos casos reanimaciones de viejas creencias, cuando no de angustias infantiles. Cabe destacar, en voz del psicoanálisis, que estas angustias infantiles -y posteriormente adultas- suelen esconder deseos insatisfechos, las consecuencias imaginadas o reales de los cuales cambiaron el signo algebraico de la afectividad, derivándola en angustia.

Pero las raíces que se hunden en la infancia no son la única fuente que emana siniestralidad. Id deglutiendo el tema expuesto hasta aquí y seguiremos en breve con la segunda parte. A los impacientes, les advierto que esta segunda entrega de das unheimlich  traerá abundancia de sombras, espejos y demonios. Incluso la dulce Blanca Nieves tendrá algo que decir al respecto.

De otra gran artista de lo siniestro: Maria Rubinke

1 comentario en «DAS UNHEIMLICH (LO SINIESTRO) PARTE I»

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